Era el lunes 14 de diciembre a las 4 30 pm, a mi alrededor flotaban gracias a sus chalecos salvavidas unos 50 viajeros de múltiples nacionalidades, una de ellos era mi esposa, estábamos en alguna parte del caribe a un par de kilómetros de la costa de Aruba, un sol "diferente" a la mayoría de los que doran la piel en las playas colombianas.