De las conversaciones más impactantes que he tenido con buenos amigos dueños de empresa, son en las que me cuentan porqué están cerrando sus negocios. E impacta más, cuando conozco esas historias desde sus inicios, cómo en meses de duro trabajo se forjan emporios, sus agendas se llenan de citas, reuniones, chicharrones, cómo los inversores llenaron sus arcas, cómo viajaron a ferias, exposiciones y congresos, y después de tanta fanfarria de “foforro laboral” y trasnochadas, hoy se sientan a explicarme que cierran, que venden, que ya no hacen parte de su propia empresa, que se acabó.